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Essay on the Shaking Palsy - Breve historia de la enfermedad de Parkinson

Ya en el tiempo de los grandes médicos y filósofos griegos como Galeno e Hipócrates se describen pacientes que sufrían incómodos temblores que les hacían caminar como si estuvieran subiendo una cuesta. Leonardo Da Vinci, en 1500, relata la existencia de personas que realizaban movimientos anormales e involuntarios y que a la vez sentían una enorme dificultad para realizar las tareas que deseaban ejecutar.

Más tarde, en el siglo XVIII, el médico David Hieronymus Gaubius describió la particular forma de caminar de un grupo de pacientes con pequeños pasos cada vez más rápidos que no podían detenerse.

Pero fue el británico James Parkinson el que ofreció en 1817 la primera definición detallada de la enfermedad que él llamó 'parálisis agitante' que él describía como "movimientos involuntarios de carácter tembloroso, con disminución de la fuerza muscular que afectan a las partes que están en reposo y que incluso provocan una tendencia a la inclinación del cuerpo hacia delante y una forma de caminar con pasos cortos y rápidos. Los sentidos y el intelecto permanecen inalterados".

Esta definición detallada queda recogida en un tratado llamado 'Ensayo sobre la parálisis agitante' ('Essay on the Shaking Palsy', en el idioma original) publicado en Londres en 1817. En él, James Parkinson revisó la historia de seis pacientes londinenses de entre 50 y 72 años. La postura, el temblor y la manera de andar estaban perfectamente definidos, pero no había ninguna alusión a la rigidez.

Varias décadas más tarde, el reconocido neuropatólogo francés Jean-Martin Charcot completó la definición de la patología y la bautizó como 'enfermedad de Parkinson', en reconocimiento al trabajo olvidado de su colega británico. El francés observó con meticulosidad a sus pacientes y no pasó por alto la rigidez que presentaban, ni tampoco que no todos los enfermos de Parkinson sufrían temblores y parálisis.

Fue en 1919 cuando Tretiakoff descubre la parte del cerebro implicada en la enfermedad, localizándola en la sustancia negra situada en el mesencéfalo, la parte alta del tronco cerebral.

En los años cincuenta comenzaron las investigaciones con la dopamina, neurotransmisor esencial para que los movimientos se realicen de forma adecuada y armónica. Poco después, en 1961, el equipo liderado por el austriaco Oleh Hornykiewicz, desentrañó la clave de la enfermedad: la dopamina de los pacientes de Parkinson disminuía, aunque no consiguió desvelar el motivo. El sueco Arvid Carlsonn y su equipo recibieron el Premio Nobel de Medicina en el año 2000 precisamente en reconocimiento por sus investigaciones en este campo durante los últimos 40 años.

Aún hoy las causas de esta grave patología, que afecta a una de cada 1.000 personas en el mundo, sigue sin conocerse con exactitud. Para el control de los síntomas disponemos de múltiples terapias aunque ninguna es totalmente eficaz ni existe una cura definitiva para este mal. Todavía faltan años para que concluyan las investigaciones actuales sobre terapia celular y génica, pero se auguran resultados muy útiles en la lucha contra esta enfermedad neurodegenerativa.

 

Fuente: Elmundo.es

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