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La vida es una guerra perdida, pero hay que ganar las batallas

Aunque son muchos los ponentes que pasan por los Cursos de Verano de la UPV, como también lo son los temas que tratan, no se puede olvidar que quienes completan la ecuación son los asistentes, que año tras año escuchan, aprenden y, por supuesto, también enseñan.

Así, no solo los conferenciantes tienen historias que contar. Entre los alumnos del curso impartido por el psicólogo Bernabé Tierno, que finalizó el sábado, se encontraba una historia de superación y optimismo detrás de una camiseta que rezaba: «Tengo parkinson, pero en mi cuerpo siempre mandaré yo. ¡¡Vive la vida ahora!!».

Antonio Sánchez Escudero es un madrileño de 74 años que ahora reside en Oiartzun, aunque, en sus palabras, ha conocido más de 80 países y ha desempeñado multitud de trabajos. Ahora, libra su lucha contra esta enfermedad neurodegenerativa que le fue diagnosticada hace diez años. «Una de tantas batallas», como él mismo afirma, en referencia a su historial.

Con 5 años ya tuvo diversas enfermedades, luego padeció tuberculosis, que venció a la edad de 15 años. Más tarde, una úlcera de duodeno le duró otros 40, hasta que se identificó y consiguió eliminar la 'helicobacter pylori', bacteria causante de la úlcera. Por si esto fuera poco, se le diagnosticó cáncer de piel, que resultó en un total de 16 injertos en todo el cuerpo.

Pero la filosofía de Antonio es reirse: «La vida no hay que tomársela en serio porque es una guerra que tenemos perdida de antemano, y lo que hay que ganar son las batallas». Aunque matiza: «Ya sé que el parkinson puede causar la muerte del paciente, no soy tonto y no me lo tomo frívolamente. Pero yo voy a luchar contra él con toda mi fuerza y capacidad».

Cuando le diagnosticaron la enfermedad, Antonio la recibió con un «Welcome, Mr. Parkinson». Lo hizo en inglés, aunque asegura hablar otros cuatro idiomas -euskera, francés, italiano, alemán-, y le advirtió: «Te vas a enterar, en mi cuerpo mandaré yo, tú nunca lo harás. Aunque me quede una gota de sangre, esa seguirá mandando en mí».

Por eso, Antonio lleva a cabo todo tipo de actividades: practica yoga, pilates, va al gimnasio, monta en bicicleta por la montaña... «Llevo a la enfermedad a sitios que ella odia», comenta, y añade: «Y el neurólogo dice que lo estoy llevando muy bien, que no sabe cómo lo hago».

Sacar algo positivo

Antonio anima a todas las personas en su situación a contarlo públicamente, a no quedarse en la sombra: «Mi mensaje es de infundir valor a todos los enfermos desorientados, nosotros no somos apestados», afirma, para aclarar: «Somos personas dignas, y es la enfermedad la apestada, la que no quiere que lo digas».

Además, asegura que 'gracias' a la enfermedad está aprendiendo mucho, y alenta a sacar algo positivo de ella: «En mi caso, estoy aprendiendo mucho sobre las neuronas, y las que me van quedando las estoy convirtiendo en luchadoras generales, cuando antes no pasaban de ser aburridas reclutas», asegura, siempre sin perder el sentido del humor.

Esta es, precisamente, el arma secreta de Antonio, y no lo oculta. Recomienda «no menos de quince buenas carcajadas todos los días», así como alargar todo lo que se pueda las 'risas tontas': «Es el medicamento más eficaz para curar los males, nos protege, nos hace felices... ¡y es gratis!».

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