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Dos indicios no hacen una prueba

Una de las principales características de la enfermedad de Parkinson es la presencia de cúmulos de la proteína alfa sinucleína en las neuronas de la sustancia negra, la región que precisamente degenera en dicha enfermedad.

Cuando se produce un exceso de alfa sinucleína o cuando ésta no se puede eliminar correctamente, termina acumulándose en forma de pequeños agregados dentro de las neuronas, las cuales acaban degenerando.

Hace ya años se descubrió que estos cúmulos de alfa sinucleína sufren una transformación conocida como “fosforilación”, un proceso por el cual una enzima añade un elemento extra a la proteína modificando así sus propiedades.

Desde entonces se ha asumido que esta fosforilación podía ser la responsable de la muerte de las neuronas de la sustancia negra y de hecho muchas compañías farmacéuticas se han basado en eso para tratar de dar con un tratamiento eficaz frente al Parkinson, intentando desactivar la enzima responsable de dicha fosforilación.

Al parecer, y según un reciente estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se estaba siguiendo la pista equivocada.

Los investigadores responsables de este trabajo pertenecen a un grupo liderado por el Doctor Hilal Lashuel, cuyo laboratorio esta ubicado en Lausanne, Suiza.

Lo que sostienen es que la fosforilación de la alfa sinucleína no solo parece ser inocente de la degeneración de las neuronas de la sustancia negra en el Parkinson, sino que incluso puede tener efectos positivos.

Por un lado, el proceso de fosforilación parece reducir considerablemente la agregación toxica de la proteína, y por otro también parece ayudar a eliminar su exceso. El Doctor Oueslati, primer autor de este trabajo, insiste en que ambos procesos han de estar relacionados.

Para llegar a esta conclusión, este grupo de investigadores llevó a cabo un nutrido grupo de experimentos. Inyectaron en el cerebro de un grupo de ratas dos de los elementos considerados como indispensables hasta entonces para empezar a desarrollar la enfermedad: la proteína alfa sinucleína de origen humano y la enzima que la fosforila (conocida como PLK2); en otro grupo de ratas inyectaron únicamente la alfa sinucleína.

Para su sorpresa, aquellos animales que recibieron ambos componentes perdieron aproximadamente un 70% MENOS de neuronas que aquel grupo de ratas que solo fueron inyectados con la alfa sinucleína. Asimismo, los animales que recibieron tanto la proteína como la enzima presentaron menos síntomas motores y menos lesiones neuronales. Estos datos indican que la fosforilación no parece ser la culpable de la muerte neuronal que tiene lugar en el Parkinson, mientras que la presencia de alfa sinucleína sí que parece estar directamente implicada.

El Doctor Lashuel cree que probablemente la fosforilación de las proteínas tiene lugar después de su agregación y no antes, o lo que es lo mismo, una vez que la enfermedad ya esta establecida. Otra opción es que la fosforilación sea un mecanismo de defensa de las neuronas, un intento de ralentizar la progresión de la enfermedad desde sus comienzos.

Esta nueva investigación no solo rompe uno de los dogmas de la alfa sinucleína y la enfermedad de Parkinson sino que además abre numerosas puertas hacia el desarrollo de nuevos fármacos.

La moraleja que los investigadores responsables de este trabajo extraen de sus resultados es que el hecho de encontrar a alguien en particular en la escena de un crimen no significa que sea responsable del crimen, hay que aprender a analizar a todos los integrantes de la escena antes de extraer conclusiones precipitadas.

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