Relatos

La charca verde

El día estaba nublado y no hacia mucho que había llovido... todavía me encontraba en bata ya que estaba confiada que al estar la mañana así no iríamos...
Suena el teléfono... son nuestros amigos preguntando a Angel
que hacer... Angel dice que iremos, pero si queremos ver el sol nos tenemos que desplazar 20 kilómetros hasta la Pedriza.

De los doce que somos, solo hemos ido cinco, creo que si desistieron fue por miedo a mojarse.
Después de media hora de coche llegamos a La Pedriza, dejamos el coche en Canto Cochino e iniciamos la marcha en dirección a La Charca Verde.
La Pedriza es un paraje precioso y característico por sus enormes piedras.
Estas están tan armoniosamente colocadas que es un deleite para la imaginación.

Margen del río Manzanares... el gran caudal del río producía un enorme murmullo acompasado, intercalado por el ruido que el agua hace al chocar con las enormes piedras...

La vegetación era abundante y surtida, entre la variada especie reconozco varias, la jara o estepa, piornos, pinos de diferente variedad, chopos, endrinos, robles, enebros, etc.. etc...
Todo estaba limpio y ordenado, el musgo cubría las piedras y el liquen se agarraba con fuerza a los pinos y las jaras, el sol tímido parecía jugar con nosotros al "cucu tras tras" asomándose y desapareciendo.

Siguiendo la margen del rió pasamos por el Puente de la Cola de Caballo...un puente hecho de troncos y tablas.

El paisaje era totalmente distinto a los anteriores, pero con una belleza fuera de lo común, al fondo se divisaban las montañas de mas altura cubiertas todas de nieve
Seguimos subiendo y volvimos a cruzar el río por el puente del Vivero... hasta llegar a La Charca Verde.
La Charca Verde es una especie de piscina natural que ha creado el deshielo que baja de las montañas descansando por unos momentos en ella para seguir su trayectoria por los cauces del río.

Más adelante, a nuestra derecha podemos ver El Arroyo de los Hoyos y continuamos hasta el Puente de los Franceses. Otro día continuaremos río arriba hasta el lugar denominado Los Chorros del Manzanares..., y en contra de nuestras costumbres volvimos a bajar por el mismo sitio que subimos... haciendo entre subida y bajada siete kilómetros

En la bajada, hubo algo que me llamo la atención a pesar de haberlo visto antes.

Ibamos caminado sobre un banco de niebla que pegada al suelo nos impedía ver el follaje y por encima de la niebla íbamos nosotros acompañados de un sol esplendido.

Me conformo si mi relato os ha entretenido algo... esa ha sido mi intención.