Relatos

Reflexiones sobre una noche de insomnio

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Después de una noche en vela, quiero describir lo que para mí representa una noche de insomnio.

Es angustia, dolor, nostalgia, preocupación, desesperación, llanto, evocación de mejores épocas, suspiros silenciosos y presentimiento de grandes males. En fin es una tortura china que se inicia con un profundo silencio que todo lo invade y que nos invita a un sueño que no podemos conciliar.

Luego es el aparecer de múltiples sonidos que van resonando en nuestros oídos como si fuesen estruendosas bombas que atacan nuestro sistema nervioso.

Es, por ejemplo el tic tac permanente de un reloj de mesa que no calla su inclemente voz y que al poco tiempo es acompañado por el ding dong de las campanas de la torre de la iglesia de mi pueblo indicando con sus cinco campanadas que es la una, y que se inicia un pesado día con reflexiones pesimistas sobre lo que en mí y en mi entorno ocurre.

Reflexiono entonces sobre como todo cambia, y en el caso de los enfermos de parkinson, en la mayoría de los casos, pasamos de ser el eje sobre el cual giraba la familia, a ser una especie de mueble viejo al que solo se le mira para no tropezar con él y del que con frecuencia se habla haciendo relación a su cada vez más evidente estado de deterioro. Pienso como es de doloroso ver que la vejez ocasione en nosotros numerosas incomodidades por la muerte cada vez mayor de las células, pero concluyo que más grande es el dolor que se produce en nuestra alma por la muerte de las ilusiones, los anhelos y las esperanzas.

Al ritmo de estas reflexiones aparece el plop plop de las gotas de agua sobre el tejado metálico de nuestra casa, y que produce en mí mayor melancolía y deseos inmensos con seguir con mis oscuras reflexiones. Se nos dice que la vida es lucha, que hay que perseverar en la lucha, y entonces pienso en que debo continuar con mis sesiones de caminatas y de ejercicios pero un oscuro pensamiento llega a mi mente: Para qué y por quien luchar?

Las motivaciones como las ilusiones y las ilusiones han acabado. Será esto el inicio de un ataque depresivo? Escucho entonces el lúgubre sonido de un "plum" sobre mi almohada: es una lágrima que ha cumplido sin que yo me diese cuenta, su recorrido normal sobre mi mejilla y ha resbalado de ella hacia la almohada.

Este "plum" solitario, pronto se convierte en un plun, plun, plun plun que me acongoja y entristece.

De este estado me saca el sonido de ocho campanadas anunciando que son las cuatro de la mañana y que ya está por terminar mi suplicio y me dedico a divagar sobre diferentes temas esperando que el nuevo amanecer traiga también luces de nuevas ilusiones y esperanzas para mi desolada, rutinaria y solitaria vida.

Son las cinco de la mañana y el ladrar de los perros y el canto lejano de algunos gallos me acompañan en el inicio de este nuevo día.