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Parkinson, rompiendo mitos

En forma resumida, en este articulo se consideran 10 aspectos básicos que vienen generalmente mal interpretados o poco informados y acaban por convertirse en mitos o falsas creencias con respecto a la enfermedad de Parkinson.

Aunque en forma breve y esquemática, sin la pretensión de abarcar toda la temática tan compleja de la enfermedad de Parkinson, seguramente ayudará a despejar mas de una duda a muchas personas.

1 Es una enfermedad hereditaria.

Falso. El 10% de los pacientes con enfermedad de Parkinson obedece a un componente genético específico. La mayoría de los casos son esporádicos, se producen por una predisposición genética y un factor ambiental que desencadena la enfermedad en individuos predispuestos. Por lo tanto,  tener un familiar con la enfermedad no significa que otro familiar indefectiblemente la tenga.
 
2 Es lo mismo parkinsonismo que Parkinson.

Falso. Parkinsonismo es la presencia de rigidez muscular, temblor y lentitud para realizar los movimientos. Hay muchas causas de parkinsonismo, una de ellas es la enfermedad de Parkinson, otras causas son las producidas por medicamentos y lesiones vasculares.

3 Es una enfermedad de los ancianos.

Falso. La edad más frecuente de aparición es entre los 60 y 65 años de edad, pero en el 10 % de los afectados la enfermedad aparece antes de los 50 años de edad.
 
4 El Parkinson se puede prevenir.

Falso. Es una enfermedad que no puede prevenirse. Se han detectado factores del medio ambiente que están asociados a la enfermedad, como los pesticidas, solventes,  herbicidas, pero que podrían producir la enfermedad en individuos que tengan una predisposición genética a esta. No todas las personas expuestas a estos factores desarrollan la enfermedad.

5 “Voy a terminar en silla de ruedas”.

Falso. Si se comienza el tratamiento en forma y tiempo adecuado, si bien es una enfermedad lentamente progresiva, las personas pueden desarrollar sus actividades. No todos los pacientes deben trasladarse en silla de ruedas, de hecho la mayoría no, esto depende del tratamiento y las rehabilitaciones que hayan podido realizar.

6 “No tiene temblor, no es Parkinson”.

Falso. No todos los pacientes con Parkinson tienen temblor. Los criterios clínicos que determinan el diagnóstico son: lentitud para realizar el movimiento y rigidez muscular asimétrica y progresiva.  
 
7 “No tengo actividades, no camino mucho; si tengo dificultad para moverme, no voy a poder caminar”.

Falso. La actividad física es fundamental, los ejercicios con un kinesiólogo para mejorar el equilibrio y la postura son esenciales para disminuir la inestabilidad en la marcha. La kinesiología es parte del tratamiento, debe crearse un programa con una rutina  que se incorpore a las actividades del paciente. Es muy importante que el paciente realice tratamientos no farmacológicos en forma integral: rehabilitación kinesiológica, de las funciones cognitivas, terapia ocupacional, danzaterapia, musicoterapia, fonoaudiología.

8 La cirugía del Parkinson reemplaza la medicación.

Falso. La cirugía se indica para casos específicos donde diversos esquemas de tratamiento no han producido beneficio.  Consiste en la implantación de un neuroestimulador que envía impulsos eléctricos para controlar los síntomas. La cirugía no reemplaza a los medicamentos, los pacientes continúan recibiendo medicación, pero pueden aliviarse síntomas que no responden a las drogas indicadas. 
 
9 Es lo mismo el Parkinson que el Alzheimer.

Falso. Las dos son enfermedades neurodegenerativas, pero el origen, los síntomas y la evolución difieren.  Pueden detectarse trastornos en las funciones ejecutivas y alteraciones en la atención.

10 “Estoy deprimido, apático, constipado, no duermo bien,  no tengo buen olfato, pero esto no es por el Parkinson, porque lo tenía antes de mis problemas motores”.

Falso. Los síntomas descriptos constituyen la esfera de los trastornos no motores de la enfermedad, que están presentes muchos años antes de identificar a los síntomas motores que definen el diagnóstico del cuadro; es por esto que también se les denomina síntomas no motores. Son parte de la enfermedad y afectan la calidad de vida en gran medida, muchas veces más que los síntomas motores.  Recientemente, se está redefiniendo el concepto de la enfermedad porque no produce solamente alteraciones motoras, sino que afecta a otros órganos del organismo.

(La autora, la Dra. Anabel Chade, es neuróloga especialista en movimientos anormales y jefa de la Clínica de Parkinson del Instituto de Neurología Cognitiva, en  Argentina).

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