El Destino
La huida habia terminado, ya no podia seguir mas, un acantilado al final del camino habia frenado a su caballo que se paro en seco, justo a tiempo para no caer.
El animal exhausto por la carrera, jadeaba intentando recuperar una respiración tranquila que le hiciera olvidar el dolor que sentia en su dorso.
La princesa de ojos negros como el carbón, no llevaba espuelas, pero apreto tanto sus talones para hacerlo galopar que ahora su piel sangraba.
El animal era consciente que no habia sido esa su intencion, lo amaba y cuidaba con esmero. Algo no iba bien, sentia su estado de animo, su cuerpo se lo trasmitia ,incluso sin llegar a montarlo, el animal lo sabia.
Y alli estaba ella, arrodillada a su lado, tapandose la cara con sus manos para que sus ojos dejaran de llorar.
Ya casi lo habia olvidado, llevaba semanas sin saber de él, lo suficiente para pensar que se habia olvidado de ella. Pero no, habian sido falsas ilusiones, ahí estaba otra vez. Asi que cuando vio aparecer al dulce caballero, monto a su fiel compañero y lo espoleo con fuerza, sin rumbo, sin camino, solo queria huir, correr hacia el olvido, pero le fue imposible, no fue el acantilado lo que la detuvo fue su destino.
Se seco las lagrimas y llevando a su caballo del ramal tomo el camino de regreso, pero no anduvo mucho, su pierna le volvio a fallar, asi que volvio a montarlo, pero ahora ya no tenia prisa.
Subio despacio, dejo caer las riendas y sus brazos rodearon su musculoso cuello. Sintiendo su abatimiento, el pura sangre aflojo el paso, no era la primera vez, lo habia echo otras veces, siempre de regreso ,después de una batalla, después de la victoria, pero hoy era diferente y no queria hacerla caer.
Cuando faltaba poco para llegar troto unos instantes para hacerla salir de sus pensamientos, sabia que no le gustaba que la vieran tan abatida.
La princesa de ojos negros como el carbón se incorporo, recompuso la postura en la cabalgadura, y después de acariciarlo y darle las gracias apreto las rodillas para activar el tranco, arqueara su cuello y recuperaran el poder que otorga la sangre real que corria por sus venas y por las de su caballo.
Y así , como si nada hubiera pasado, entraron al patio del castillo al trote, haciendo que se volvieran a contemplarlos, princesa y caballo formaban un binomio perfecto.
Y en ese momento solo ellos dos sabian lo que habia pasado.