Que despertar tan agradable, siento interiormente la música de una nana. Empieza a despuntar el sol y como todos los días, es la hora de levantarse, no se porqué la vista se me va al sillón que está cerca de la cabecera, me siento al borde del camastro e inevitablemente surge la primera pregunta:
Buenos días Párkinson ¿cómo te encuentras hoy? Levanto un brazo, levanto el otro, los bajo y me pongo en pié, mi acompañante Pk ya me ha respondido, pues tiene su propia versión en el idioma de los signos: tiembla más o menos la mano, el brazo, me apoyo o no para levantarme, tengo el cuerpo y la mente más o menos espesa o despierta.
La primera acción del día, preparar el convoy de medicamentos y distribuirlo por tomas, no es tan fácil la operación pues a veces las pastillas, parece que tienen vida propia, saltan y van al suelo o ruedan por la mesa y claro, hay que dedicar un tiempo a su caza y captura.
Bueno ahora a por la primera toma con bien de agua y el primer deseo matinal “a ver si con este manantial te ahogas so mendrugo” aclaro que lo de “mendrugo” va por el compañero PK.
Empiezo con mis ejercicios de yoga, mi amigo me ha permitido hacer los ejercicios bien. Creo que conoce mis intenciones de ahogarle por que hay momentos y días que me da la impresión que se venga, que se toma su revancha, pero hoy parece tranquilo, por que dormido, lo que se dice dormido, os lo juro, no lo he notado desde que entró en mi vida, por cierto, sin permiso.
El desayuno es de lo más entretenido. pues el PK os lo creáis o no pone vida propia a los útiles del desayuno, voy a coger el café, la leche, taza, cucharilla, azúcar… tal parece que se mueven, tengo que hacer esfuerzos por acertar y siempre se queda algo en el camino.
Y ahora a cumplir con los encargos, placeres y responsabilidades del día. Lo primero el paseo, respirar profundamente es uno de mis mayores y mejores placeres, sentir el aire como llena mi pecho, todo mi pecho, no tiene precio, y a andar, bueno andar, lo que se dice andar no, trastabillar, pues mi compañero me recuerda que debo llevarlo acuestas y mientras ando, reflexiono sobre la palabra cuesta, costar, acostar, acuestas y sus diferentes significados, no dejo de admirar a las personas que inventaron las palabras, que inteligentes eran, ¡y no sabían ni escribir!
Hay que seguir con los compromisos del día, acudir a la Asocíación, ir al mercado, hablar con los amigos … en muchos de estos actos debo presentar a mi huésped: no, no estoy nervioso es que tengo el Pk; si, ando un poco agachado es consecuencia del Pk; disculpe por mi torpeza en las manos (caja del mercado), en los pies (al bajar o subir). Es tan pertinaz su presencia que a veces no la siento, incluso pienso que ahora soy así.
La segunda toma de la mañana y otro diluvio interior de agua, por la falta de eficacia, llego a la deducción que desconozco dónde tengo alojado exactamente a mi compañero PK y que es probable el agua no le llega ni a los pies, o flote, pero... ¿es posible que el muy … flote?
En la comida los útiles vuelven a tomar vida y yo a practicar el ejercicio de atinar.
Según va transcurriendo la tarde, va bajando mi nivel vital, si se me cae algo compruebo que el suelo cada vez está más lejos, por cierto también he notado que la letra pequeña del prospecto la hacen cada vez más pequeña, no miento si digo que antes la leía sin gafas.
Pienso que de todo esto tiene la culpa el Pk, bueno, termino razonando que de todo no tiene por que tener la culpa el PK, pero no lo voy a reconocer en voz alta, no vaya a ser que lo oiga y crea que ha ganado otra batalla, lo cierto es que aunque parezca que no, le he cogido una ojeriza….
Tercer y último intento de sumergir al compañero PK con otra toma de medicamento, pienso, que si no logro ahogarlo al menos lo entretengo, pero es listo el condenado, no viene de frente aunque se manifieste abiertamente, trabaja poco a poco, sin prisa pero sin pausa; lo mismo que yo, lo prometo, mañana volveré a intentar librarme de él otras tres veces.
Bueno, pronto se pondrá el sol, me voy a hablar con la Princesa de Ojos Negros Como el Carbón, mi amiga Adalgisa, las Damas y Caballeros para comentar las anécdotas y reflexiones del día, después me acostaré.
Rogelio