UNA DURA BATALLA.
La princesa de ojos negros como el carbón, estaba dolida, la última batalla le había dejado demasiadas heridas en su cuerpo, pero la que mas le dolía era la del alma.
Su dulce caballero le había vuelto a exigir demasiado y se estaba quedando sin fuerzas.
Sabia que al día siguiente vería las cosas de otra manera , pero hoy y ahora estaba llena de rabia, estaba enfadada con el mundo.
Había empezado demasiado joven y aunque seguía siéndolo su cuerpo empezaba a fallarle.
Tenia un aspecto envidiable pero era solo fachada, sus movimientos lentos y dolorosos , sus temblores y sus bloqueos la convertirían pronto en una persona incapaz valerse por si sola.
Le quedaban tantas cosas por hacer……………..
Su situación era difícil, llevaba muchos frentes abiertos, demasiado trabajo para ella, pero le resultaban necesarios, si se paraba, se le paraba el cuerpo, se la paraba la vida.
No quería perder el tiempo durmiendo, y aunque sabia que le era necesario descansar , prefería mantenerse despierta.
Tenía que estar ocupada, no quería pensar.
Deseaba que la guerra acabara, no quería volver a luchar, que todo se quedara como esta y que la situación no empeorara .
Cada vez le costaba mas empuñar su espada.
Había visitado a su hechicera blanca, sus pócimas le ayudarían a seguir. Su hechicera le transmitía confianza,le hablaba claro y eso le gustaba, aunque fueran malas noticias sobre su estado. Cada vez que iba verla, se ponía nerviosa, pero se sentía protegida, sabia que en sus manos todo iría mejor. Ahora seguiría sus consejos y con la nueva medicación se sentiría bien.
La princesa de ojos negros como el carbón respiro hondo, recordaba las palabras de su corte incondicional, de su familia de sus amigos. Sabia que no se estaba comportando del todo bien con ellos, era difícil. Aunque sabia que los tenia cerca, se sentía sola. Se consideraba generosa en todos los sentidos, y nunca pedía nada a cambio. Pero ahora no sabia que le pasaba, no pedía ayuda y la que recibía no era la que necesitaba.
Deseando que terminase el día , esperando que mañana viera las cosas de otro color, con el color de la vida, con el color de ganar, con el color de… esto no podrá conmigo.
Por eso la decisión de viajar, la visita a su reina le sentaría bien.
Fue con su familia, ellos sabían que necesita hablar con ella a solas, y le dieron esa intimidad.
Los encuentros con su reina le daban fuerza para seguir luchando, Ella era su recompensa, la vida se le presentaba difícil, pero su reina, su consuelo, su consejera, su madre, su amiga, la comprendía, ella llevaba años pasado lo mismo.
Cogidas de la mano o abrazadas se transmitían la fuerza que tanto necesitaban.
La princesa de ojos negros como el carbón, se sentía cómoda en el castillo, se sentía como en casa.
Le gustaba sentarse a su lado y mirando sus ojos azules, escuchar sus historias, su vida.
La despedida fue lo peor, las dos con lágrimas en los ojos no querían soltarse, se necesitaban.
Pero era hora de marcharse.
Durante el viaje de vuelta fue pensando en su próximo encuentro, en los pequeños detalles vividos esos días, y siguiendo el consejo de su reina, al llegar a casa, se vistió con su traje de guerrera dispuesta a seguir luchando, dispuesta a seguir viviendo.