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MARINA, la Bro, en el PAÍS DEL PARKINSON

marinaSalí de casa el miércoles 7 de octubre a la tarde rumbo al Encuentro Unidos contra el Parkinson 2.0 en Catalunya.

El detalle es desde dónde... un suburbio de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Iba armada hasta los dientes: mochila en los hombros, con lap-top (ordenador portátil), celular (teléfono móvil), cámara de fotos de mi hijo, algo de euros bien guardados en la ropa interior, los remedios (parte mía en pastillas) y una valija (maleta) chica con 10 libros y mis pertenencias. Viene al caso mencionar lo milagroso que era para mí tener un equipaje tan reducido y listo casi una semana antes.

El deseo de llegar a destino me alargaba el viaje. Pero me daba fuerzas.

Pasé 12 horas de vuelo en un pájaro artificial, dónde no sabía cómo matar el tiempo ni dormir, una larga espera en la T4 y en la estación Chamartín de Madrid y muchas horas más en tren, nervios para combinar en Sants con Cercanías a Blanes y una tenue llovizna.

Llegué al hotel en el que me encontraría con el mundo que conocía por la red.

Me saludó una sonrisa blanda de bienvenida:
-¿Tu eres Marina verdad?
Asentí desconcertada ante una cara que se suponía que debía reconocer
-Hola, soy Fulvio.
Fueron llegando Carme y Joseph, Montserrat Arnero, Consuelo, Julia...

Recorrí largos pasillos y entré a mi cuarto. Me pareció muy amplio. Acomodé mis cosas para que dejara de ser impersonal y que pasara a ser mi refugio. La sensación era de triunfo aunque también agotamiento y confusión.

Había parado de llover.

Salí a caminar por Lloret de Mar, que resultó un punto neutro de características internacionales de vacaciones.

Me sentía muy lejos de casa. Más lejos que en otra ciudad, otro país, otro continente... Menos mal que era al lado del mar. Miré sus olas y reconocí el líquido elemento universal.

En el buffet busqué a Tate a quién reconocí de inmediato:
-¡Hola guapetona!
Increíble verse en persona con quienes uno compartió vivencias muy profundas del corazón.

El autoservicio era un desafío para temblores, diskinesias y rigideces pero no importaba nada porque ahí éramos locales.

El ruido general competía con los bajos tonos de voz. Pero la alegría de estar juntos estaba por encima.
Saludé a Toni, Pili, Tse, Paco, Jesús, Consol y a varios más.

La impresión era demasiado fuerte para mi estado de nervios. La emoción me excedía y ya no sabía más lo que sentía. Dónde estaba, qué día ni qué hora era. Hasta dudaba estar despierta. Debía ser un sueño.

Eso era lo que me hacía falta: dormir.
Me excusé con todos y por fin descansé.

La inauguración del encuentro fue muy linda.

Bien preparada y con objetivos claros: mostrar al mundo cómo es nuestra realidad y transmitir la importancia de las terapias complementarias para mejorar la calidad de vida de los enfermos.

El denominador común fue el Parkinson, que pude ver que no es uno sino que hay tantos como personas afectadas por él. Pero en definitiva lo que más me sirvió para aprender fue el contacto con los otros "usuarios" como se dijo ahí.

Las mesas redondas y los talleres nos mostraron los recursos que podemos agregar a nuestro tratamiento para estar mejor.

Jugué al ping pong con Paco Montesinos; María Moreno me cantó "Sombras nada más"; le saqué fotos a Carme y varios más, hice ejercicios de registro de emociones por medio de la música, conocí la logopedia, perdí al ajedrez con Pedro; conocí a varios nuevos y viejos amigos.

Entendí la vivencia del que está al lado nuestro gracias a Mamen. Compré un pañuelo batik hecho por Carolina, una camiseta del Barça (que mi hijo no se la saca ni para dormir), recibí consejos de la toma de remedios, libros directamente de manos de sus autores, un retrato mío, junté información útil para buscar terapias en Argentina, presenté mi libro: El Cuerpo no Calla, recibí visitas muy gratas, algunos piropos y mucho cariño.

Reconozco que pasé por todas las reacciones que tuve con el sacudón del diagnóstico.

Para mí fue una especie de sobredosis de realidad en un principio. Ante la que apreté los dientes porque me dolió.

La primera mañana desayuné con Toni Cortina. Una lucha entender algo de lo que intentaba decirme. Tantos conocimientos históricos y de actualidad, de ciencia, arte, filosofía, varios idiomas y enorme cultura general atrapado dentro suyo... Pensé en que nos solíamos comunicar por escrito y se me ocurrió buscar la lap top.

Salió caminando delante mio, iba como trotando con pasitos cortos. De pronto, pareció que le habían hecho una toma atrapándole los pies, trató de agarrarse de una estantería de la que cayeron tazas y copas y Toni desparramado en el piso... lo levantaron y lo pusieron en una silla de ruedas. Me lo llevé, él con el alma por el suelo y yo también.

Me aislé inconscientemente. Pido disculpas por haber estado ausente en varias actividades y no haber llegado a hablar con unos cuantos que quedé en deuda. Hacia el final pude superar esto. Con el recurso de la escritura pudimos comunicarnos Toni y yo. Y me acostumbré.

Volví a casa con la certeza de que se puede hacer mucho para estar mejor. El estado de ánimo influye invariablemente en nuestra enfermedad. Así como nos delata al exponernos, al ver mal a un ser querido, ante una despedida... Del mismo modo mejoramos nuestros síntomas al estar felices.

Lo fundamental para mí fue la toma de conciencia. Entender que estuve en el País del Parkinson. Verme en el espejo de los demás.

La experiencia no pudo ser más positiva.

Me saco el sombrero por todos y cada uno de los "parkinsonianos". Felicito a los que prepararon este encuentro. Agradezco a las caras visibles como coordinadores: Fulvio Capitanio y Antonio Olmo por la oportunidad que me dieron.

Me traje varios conceptos que ya iré decantando.
Entre ellos el de siempre contestar, cuando nos preguntan cómo estamos: bien. Para no preocupar al amigo y no dar pie al enemigo de aprovecharse de nosotros.

En la intimidad sí, escucharnos y drenar nuestras emociones.
Hacer algo que nos dé satisfacción. Para así juntar energías para seguir adelante.
Y si nos caemos cien veces, levantarnos ciento una. Como Toni, que tropezó el último día, pero aprovechando la posición de agazapado, se lanzó a correr y lo hizo con tal agilidad que me dejó anonadada.

Pero lo más grande que aprendí está en el título:
Unidos Contra el Parkinson, comprendernos y tirar para el mismo lado.
Quiero aprender de los luchadores.

Encuentro, nada es posible sin encontrarme conmigo y con los demás.

Isabel, me escribió luego de venir al Encuentro con los autores:
MARINA:
SE RESPIRA MUCHO AMOR.
SE SIENTE EL CARIÑO, EL CÓMO TODOS PONEN EL HOMBRO, SE APOYAN, SE ESCUCHAN....
FUE MUY LINDO CONOCER Y COMPARTIR ESTE DIA CON TUS AMIGOS

Saludos,

Marina Lassen Brodtkorb.

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