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Inflexiones de la vida, un par de lecciones

inflexionLos puntos de inflexión de la vida nos demuestran que su curso no responde a ninguna perfección de trazado ni linealidad en lo absoluto y menos aún cuando en antes de los cuarenta años la vejez se presenta como un fantasma que abraza los sentidos e impide el movimiento.

 

Con interesantes perspectivas laborales y algunos sueños por cumplir, la vida me enseñó que no podía tener el control de todo, menos el control del mañana. Acaso el mañana no exista y haya perdido valiosos espacios de Chronos en planificarlo, adornarlo y esperarlo. No sucede así. En el curso de la vida que me fue prestada recibí la inesperada visita de la enfermedad de Parkinson. ¿Quién espera una enfermedad de este tipo, antes de cumplir 40 años? Las estadísticas de la enfermedad la sitúan en personas sobre los 65 años en su mayoría y, en este tipo de caso, uno no quiere ser la excepción.

 

Pero fui la excepción, el "legado europeo" como dijo mi neurólogo. Y pasé de pronto a dejar los tacos y las sutilezas, para enfrentarme a un mueble con medicamentos y zapatos cómodos. Dejé de ocuparme de depilar mis cejas, desde que mis manos no coordinaban movimientos, dejé de mirar las vitrinas porque ¿Quién quiere zapatos bellos y ropa bonita si camina como si tuviera 90 años? Los intereses cambiaron de pronto y los sueños quedaron reducidos a vivir un buen día. Un día sin caídas, un día en que al menos pudiera asearme sola. Un inmenso punto de inflexión, un martillazo, un golpe bajo, un golpe no permitido.

Pero, ¿Quién soy yo para decidir cuando comenzar a ser vieja? Es cierto, mi cuerpo es joven, por "el legado aymara" tengo una apariencia más joven aún, pero me atrapó la huella del gen y la oxidación celular y las neuronas no supieron de tiempo degenerando y muriendo, dejando atrapada la vejez absoluta con la mayor de las fragilidades, dentro de un cuerpo joven. Pasaron unos años para que me diera cuenta de que no había vuelta atrás. La enfermedad avanzaba y no podía hacer nada por evitarlo.

 

Decidí entonces, que esta etapa de transición en el curso de mi vida no iba a ser negativa,, pese al peso de la mirada de la sociedad, que no está preparada para enfrentarse a una persona joven con movimientos de vieja. Iba a transformar este punto de inflexión en un evento inesperado, es decir, un Kairos, un relámpago de luz que iluminó un nuevo camino para mi. Era la oportunidad de tomar esta vida prestada y jugar a que estoy sana, jugar a que uso pilas y cuando tomo l-dopa me muevo casi normal y hago cosas que duren menos de cuatro horas, porque entre dosis y dosis soy otra vez un juguete sin pilas. De vez en cuando subo otra vez a los tacos y juego con la frivolidad envolviéndome con ella, pero la dejo en un rincón rápidamente ¡Es tan corto el tiempo bueno! ¡Duran tan poco las pilas!

 

Estudio, leo todo lo que encuentro, escribo para crear conciencia ciudadana sobre la naturaleza y el medioambiente de las comunidades indígenas del norte. En mi ser biológico convergen el sur y el norte, las diversas etapas del curso de mi vida que intervinieron en mi ontogénesis, duras a veces, alegres, fuertes, derribadoras y definitivas tenían que servir ahora y gracias a que vivo en un tiempo cronológico marcado por el uso de la tecnología, me bastó un computador, mucha lectura e inicié una campaña para que el boro (b) sea incluido en las normas de calidad del agua potable. La población de la ciudad de Arica toma agua con altos contenidos de boro, no permitidos en estándares sugeridos por la OMS (WHO) y las autoridades no regulan la normativa en este sentido. Escribo, a veces dos palabras por minuto porque se pasó la hora y no me quedan más dosis de l-dopa, pero es lo que puedo hacer. Lo que creo es el sentido de mi vida. Una mente que vuela infinitamente, atrapada muchas veces en unos pesados zapatos.

 

Una vida joven con la fragilidad y la dependencia de una vida en la vejez. Conmovida profundamente al inicio, hace seis años, hoy comprendo que la fortaleza viene a diario con la vida. No pienso en la que caminaba erguida jugando a ser bella, ni en los buenos trabajos, todo es parte de la memoria que rescato cuando hace falta, y no sucede con frecuencia. Como es una enfermedad crónica, otras enfermedades pueden venir, entonces cuido mi alimentación y no me expongo. Cuido a los míos, los cuales aún me ven fuerte, los que no supieron que viví un tiempo en gris. Y lo mejor de todo es que pese a arrastrar una enfermedad por la que me dieron un carné de discapacitada, he tenido la capacidad de hacer muchas y mejores cosas que antes. El inmenso regalo que entrega alguien cuando sonríe porque la ayudaste o la atendiste es lo mejor de cada día.

 

Espero solamente un día bueno, donde los medicamentos hagan efecto y deseo ese día, solo ese día, alegrarme de haberlo vivido.

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