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La fisioterapia y la logopedia mejoran la calidad de vida de los enfermos de Parkinson

Las técnicas de diagnóstico detectan pacientes cada vez más jóvenes.
La asociación de enfermos trabaja en Donostia y Zarautz; pronto en Irun

DV. Juan A., de 56 años, ha tenido que dejar de trabajar y ahora se enfrenta al diario dilema de salir a la calle, que le encanta, o quedarse todo el día en casa viendo la televisión. La enfermedad de Parkinson que le diagnosticaron hace tres años le juega malas pasadas. A veces se queda bloqueado. No puede mover los pies, como si los tuviera pegados al suelo, y lo que es peor, en ese momento tampoco puede hablar. Como le es imposible explicar lo que le ocurre, los sorprendidos peatones que pasan a su lado no saben como atenderle. Incluso una vez alguien llegó a preguntarle si había bebido.
La sintomatología de Juan es una de las manifestaciones características de la enfermedad de Parkinson. En Gipuzkoa, 1.500 personas padecen este trastorno neurodegenerativo. Cada año se detectan cien nuevos casos y aproximadamente un 15% son pacientes que aún no han cumplido 45 años. Las nuevas técnicas de diagnóstico mediante neuroimagen funcional (PET y SPECT) y genética molecular permiten detectar la enfermedad en personas cada vez más jóvenes. «Estamos viendo a gente de 35 y hasta de 29 años», señala la presidenta de la Asociación de Parkinson de Gipuzkoa, Carmen de Olazábal. Pero no se trata de que ahora esta enfermedad ataque más a los jóvenes, sino que «cada vez se diagnostica mejor y se diagnostica antes», según matiza el neurólogo de Policlínica Gipuzkoa Gurutz Linazasoro. «No es que haya cambiado el perfil de los pacientes, sino que hace un par de décadas se tardaba en diagnosticar seis o siete años a una persona de 40 porque no podíamos ni imaginar que a esa edad pudiera padecer esta enfermedad».
Terapias complementarias
El Parkinson es una enfermedad que de momento no tiene curación, pero sí es posible controlar algunos de sus síntomas e incluso ralentizar el avance de la dolencia mediante tratamiento farmacológico. Además, en Aspargui se ha podido constatar que diversas terapias, como la fisioterapia o la logopedia, así como la asistencia psicológica y social proporcionan calidad de vida a los pacientes y a sus cuidadores, que generalmente son los propios familiares. «Cuando a una persona se le diagnostica esta enfermedad supone un trauma para toda la familia y generalmente tiende a sobreprotegerle, lo que a veces ocasiona la pérdida de autonomía del paciente», explica Maider Palacios, trabajadora social de Aspargui. «Muchos de los afectados que acuden a la asociación llegan pensando que inevitablemente se van a quedar en silla de ruedas. Pero no es así en la mayoría de los casos», asegura la neuropsicóloga Nagore Bengoa. «La terapia grupal que se lleva a cabo en Aspargui», agrega, «contribuye a aclarar dudas y a dar apoyos para sobrellevar los miedos, la ansiedad y las incertidumbres». En este sentido, Carmen de Olazábal asegura que ve diferencia entre los enfermos que asisten a las terapias y los que no lo hacen. Desde un punto de vista científico, Gurutz Linazasoro confirma la utilidad de estas actividades complementarias. «Son tratamientos que apoyan a los fármacos para que un paciente se encuentre mejor. Además, les ayuda a elevar la autoestima, a relacionarse con otras personas. todo ello contribuye a mejorar su calidad de vida».
La asociación y campaña
Alrededor de ochocientas personas, entre afectados y familiares, asisten a las terapias que ofrece la asociación en el centro Txara I de San Sebastián y en el nuevo local que Aspargui ha abierto recientemente en Zarautz. A principios de año pondrá en marcha otro en Irun. Para avanzar en este terreno, la asociación acaba de firmar un convenio de colaboración con la Diputación para diez años, así como han recibido el apoyo de las farmacias de Gipuzkoa, en cuyos locales distribuyen folletos de la asociación.
Los problemas se derivan de las dificultades de transporte que tienen los afectados. Para paliarlos, Aspargui está analizando la situación con Osakidetza. Entretanto, existe un convenio con DYA que, pese a no ser gratuito, está parcialmente subvencionado. Una vez que se resuelva este problema, el objetivo de Aspargui se centrará en poner en marcha su propio centro diurno especializado. Actualmente, en los locales de Txara I la asociación ofrece asistencia psicológica para afectados y familiares, asistencia social, logopedia, taller de manualidades, tai-chi, fisioterapia, masajes, shiatsu, musicoterapia y cursillos para pacientes y familiares.
Mejorar la calidad de vida de los enfermos de Parkinson es la misión que se ha marcado Aspargui desde su fundación, hace ocho años. Y para seguir avanzando, estos días ha desarrollado por toda Gipuzkoa una campaña informativa de captación de nuevos afiliados. Bajo el lema Si tienes Parkinson no lo vivas solo, profesionales y voluntarios de la asociación están repartiendo folletos e informando personalmente en hospitales y en el exterior de los centros de salud.
mgarcia

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