Analgésicos, antiinflamatorios y enfermedad de Parkinson

Dentro de la alud de noticias, resultados preliminares, publicaciones científicas relacionadas con la investigación sobre la enfermedad de Parkinson, hay una categoría de informaciones que por su especifica naturaleza merecerían ser tratadas y analizadas con especial cuidado en los medios informativos.

Me refiero a las noticias que tienen el mayor impacto y resonancia en el colectivo de personas con Parkinson porque reunen las dos características necesarias y suficientes para suscitar el máximo interés:

- vislumbran la posibilidad que un fármaco pueda modificar el curso de la enfermedad y ralentizar su progresión

- este fármaco ya está disponible y accesible en las farmacias

Es fácil de entender que esta combinación resulta extremadamente atractiva para unas personas que padecen cada día los efectos de una enfermedad neurodegenarativa y que observan como esta sigue avanzando sin que estén disponibles fármacos capaces de ralentizar su progreso, mas allá de tratar los síntomas de forma menos eficaz conforme pasan los años.

Ultima en orden cronológico de la serie histórica de estas noticias es la publicación de unos estudios sobre los hipotéticos efectos neuroprotectores del ácido acetil salicílico derivado de la acción sobre una enzima y sobre una proteína especificas que conseguiría reducir el estrés oxidativo que se especula contribuye al desarrollo de estas enfermedades neurodegenerativas.

Una lectura atenta de las noticias que aparecen periódicamente sobre analgésicos, antiinflamatorios y enfermedad de Parkinson (en otro momento el protagonista fue el ibuprofeno), nos revela que se trata de hipótesis bien basados en estudios de laboratorio en modelos animales o bien de extrapolaciones estadísticas en estudios comparativos cuando se trata de seres humanos.

Desde luego seremos los primeros en alegrarnos que un fármaco actualmente existente en el mercado desde tantos años, largamente utilizado por la población en general y por lo tanto muy bien conocido en su tolerabilidad, efectos adversos e interacciones con otros fármacos llegara un día a demonstrar su potencial terapéutico en la enfermedad de Parkinson.

Sin embargo, hasta aquel momento, no parece prudente ni sensato comenzar a consumir masivamente analgésicos e antiinflamatorios simplemente por la publicación de un estudio en la prensa. No olvidemos que se trata siempre de medicamentos y que se tienen que administrar conforme a sus indicaciones terapéuticas aprobadas y siempre bajo control de su médico especialista.

No sea el caso que, intentando ralentizar la enfermedad de Parkinson con analgésicos y antiinflamatorios, no acabemos teniendo otros "dolores de cabeza" no deseados.