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Dos tipos diferentes de agregados de alfa-sinucleína explicarían diferentes manifestaciones del Parkinson

Ya es bien sabido por todos nosotros que el Parkinson es una enfermedad muy particular, y una de las principales características que la hacen tan especial es que se manifiesta de manera diferente en distintos pacientes.

Esto ha hecho que tanto médicos como investigadores y pacientes hayan desarrollado una curiosidad especial por conocer mejor los entresijos de dicha enfermedad.

Una de las principales características del Parkinson es la presencia de cúmulos de alfa-sinucleína en las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra, que son precisamente las que mueren en esta enfermedad.

Dicha proteína puede presentarse en su conformación normal o en su conformación patógena, la cual es la que hace que forme cúmulos que la neurona es incapaz de eliminar.

Una peculiaridad muy interesante de esta proteína es que, según estudios recientes, su forma patógena se puede propagar de neurona a neurona como si de una partícula infecciosa se tratara, y no sólo eso sino que cuando “infecta” a una neurona nueva, transforma su alfa-sinucleina “normal” en la forma patógena (similar a lo que sucede con los priones).

Un grupo de investigadores franceses (liderado por el Dr. Ronald Melki) ha conseguido caracterizar y producir dos tipos diferentes de agregados de alfa-sinucleína. Aun mejor, han sido capaces de determinar que una de las formas es mucho más tóxica que la otra y que muestra una mayor capacidad de invadir a las neuronas.

Estos investigadores han dado con una interesante analogía a la hora de explicar la diferencia entre estas dos formas de agregados de alfa-sinucleína. Al parecer, la diferencia radica en el modo en el que esta proteína se “apila” cuando se agrega. Si pudiéramos aumentar la escala de lo que vemos un millón de veces, observaríamos que la primera forma de la alfa-sinucleína se asemeja a un “espagueti”, mientras que la segunda forma es más alargada y plana, similar al “linguini”.

Este grupo de científicos ha intentado averiguar si esta diferencia estructural entraña diferencias también a otros niveles más funcionales. Para ello, incubaron neuronas en cultivo con ambas formas de la alfa-sinucleína y descubrieron que la capacidad del “espagueti” para unirse y penetrar en las neuronas era notablemente mayor que la del “linguini”, lo que la hacía más tóxica ya que así mataba a las neuronas de forma más rápida.

Asimismo, esta forma parecía ser especialmente resistente a los mecanismos de eliminación de proteínas anómalas de la propia célula infectada, mientras que cuando una neurona contenía el “linguini” ella misma podía deshacerse de la misma sin mayores problemas.

Estos investigadores están convencidos de que la existencia de estas al menos dos formas diferentes de la proteína alfa-sinucleína es de suma importancia a la hora de entender por qué diferentes pacientes de Parkinson exhiben distintos síntomas. También creen que un análisis exhaustivo de ambas formas podría ayudar a la hora de encontrar un método de diagnostico eficiente, ya que se podría determinar así el nivel exacto de “virulencia” de la alfa-sinucleína en cada paciente.

Finalmente, también esperan que, una vez refinada la caracterización de estas diferentes formas de alfa-sinucleína, sea posible desarrollar nuevas estrategias terapéuticas enfocadas de forma personalizada a cada variante de esta proteína para así detener o enlentecer su propagación y con ello, la progresión de la enfermedad.
 

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