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Estrés oxidativo y malfuncionamiento de las mitocondrias en el Parkinson

Este mes la Doctora Carolina Cebrián nos comenta unos recientes hallazgos en relación con el estrés oxidativo y el malfuncionamiento de las mitocondrias, que han cobrado especial importancia en la fisiopatología de la enfermedad de Parkinson a lo largo de los últimos años.

Durante períodos de estrés celular se liberan elevadas cantidades de especies de reactivas del oxígeno (ROS), lo que generalmente resulta en daño o incluso muerte celular. Dentro de cada célula existen unas organelas llamadas mitocondrias, las cuales participan activamente en la producción de ROS.

En relación a esto, un grupo de investigadores liderados por el Dr. Philip LoGrasso ha descubierto que una enzima conocida como c-jun-N-terminal kinasa (JNK) puede jugar un papel importante en la muerte neuronal que ocurre en el Parkinson.

Estos investigadores han publicado recientemente un trabajo en la revista The Journal of Biological Chemistry donde explican cómo en condiciones de estrés, la enzima JNK migra a la mitocondria, que es la parte de la célula que se encarga de generar energía química, participando así en procesos de crecimiento y muerte celular. Al migrar hacia la mitocondria, JNK se activa, proceso que está relacionado con daño celular y disfunción mitocondrial, la cual hace tiempo que se relaciona con la enfermedad de Parkinson.

Este trabajo muestra por primera vez que la inhibición de JNK dentro de la mitocondria protege a las neuronas, tanto en cultivos como en el conocido modelo animal de la toxina 6-hidroxidopamina (6-OHDA). En este caso los investigadores utilizaron como agente bloqueador de JNK un péptido de la membrana externa mitocondrial que se denomina Sab y que resultó sumamente exitoso a la hora de bloquear la translocación de JNK a la mitocondria,  reduciendo así el resultante estrés oxidativo, la disfunción mitocondrial y la consecuente neurotoxicidad.

Estos datos sugieren que sustancias que funcionen como bloqueadoras de la unión entre JNK y Sab podrían ser buenos candidatos a futuras nuevas posibles terapias para tratar el Parkinson.

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