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El “anti-sentido” que cobra sentido

Esta vez nos adentramos un poco mas en los misterios de nuestro código genético de la mano de la Doctora Carolina Cebrián, para comentar la importancia de otro descubrimiento que ayudará los investigadores a entender un poco mas los complejos mecanismos que actúan en el cerebro humano.

Un grupo de investigación internacional ha hecho un interesante descubrimiento en el ámbito de la enfermedad de Parkinson que puede llegar a revolucionar la síntesis proteica a nivel industrial para uso terapéutico.

Dicho trabajo ha sido coordinado por investigadores del International School for Advanced Studies (SISSA) de Trieste (Italia) que han conseguido desentrañar una nueva función de los RNA no codificantes.

Para poder sintetizar proteínas, el DNA necesita transcribirse a moléculas de RNA que funcionan a modo de “transcripciones cortas” de la información genética.

El conjunto de todas estas pequeñas moléculas de RNA se denomina transcriptoma.

En el transcriptoma humano, junto con aproximadamente 25.000 secuencias de RNA codificante (que son secuencias involucradas en la síntesis directa de proteínas), nos encontramos con un número aun mayor de secuencias de RNA no codificantes.

Algunas de estas moléculas se llaman “anti-sentido” porque son complementarias a la secuencia de RNA codificante denominada “sentido” (los RNAs “sentido” y “anti-sentido” se complementan entre ellos como si de una cremallera se tratara). Durante mucho tiempo se sabía muy poco acerca de estos RNAs no codificantes o “anti-sentido” y su posible función, y lo que se creía es que su misión era únicamente regular negativamente la síntesis proteica del correspondiente RNA codificante.

El importante descubrimiento de los investigadores de SISSA radica en que han demostrado que el RNA “anti-sentido” de un gen denominado Uchl1 de hecho estimula la traducción de la proteína para la cual codifica el RNA “sentido” al cual se acopla.

Uchl1 ha sido anteriormente relacionado con algunas formas hereditarias de Parkinson en las cuales parece haber un déficit de dicha proteína. Al parecer, lo que sucede en esos casos es que su RNA no codificante está localizado principalmente en el núcleo de las neuronas dopaminérgicas mientras que el RNA mensajero maduro (el codificante) de Uchl1 se encuentra sobre todo en citoplasma; es por eso que ambas formas no pueden acoplarse y se cree que por eso existe un déficit en la síntesis de dicha proteína.

Existe un compuesto denominado rapamicina que es capaz de provocar que el trasiego del RNA no codificante de Uchl1 del núcleo al citoplasma se dispare. Cuando esto sucede, las formas codificante y no codificante del RNA de Uchl1 pueden acoplarse y así estimular la síntesis de la proteína.

Este descubrimiento supone un gran avance no solo por añadir potenciales usos terapéuticos a la rapamicina (ya se había demostrado previamente que dicho compuesto protegía a las neuronas dopaminérgicas en modelos animales de Parkinson),  sino también por demostrar que los RNA no codificantes o “anti-sentido” pueden de hecho regular positivamente la síntesis proteica, lo cual abre un sinfín de puertas en el mundo de la investigación biomédica.

El siguiente paso será validar estos resultados en modelos animales y ver si se reproduce lo que estos investigadores han observado in vitro.

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